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Aug 11, 2011

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Me he quedado impresionado luego de leer un artículo donde me entero de lo que ya sospechaba desde un inicio, la gran cantidad de personas que publican eventualmente en la red encontrarán un filtro con el que a la larga se destacarán o no dentro del mundo de los blogs ya en un ambiente mucho más plural. Esto me motiva a ahora continuar con eso que tanto había querido desde hace haaaarto rato, echarles mis cuentitos, a ver qué les parecen :D , y si alguien se anima a darle una leída a este humilde blog y una buena seguida, pos qué mejor. Encontrarán, luego de algo de esfuerzo, la versión en español y con mucha chamba, la de inglés, pero de esa no prometo mucho, je… Me preocupa ese tema delicado de los derechos de autor, aunque supongo, y quiero creer que ese mismísimo blog ampara la publicación de lo que sea que se me ocurra. Léame pues, afable lector, en futuros cuentosos, fotos y más dibujitos. Les dejo pues, el primero de lo que espero sean varios cuentos a leer si se animan, que en este caso, es una serie de cuentitos que escribí para la Ferri, ta medio azotada esta serie, pero ñaaa, a ver qué les parecen.

El ente

1.0

Erase que era un ente caminante. Andaba por la zona prohibida del mundo conocido. Caminaba con poco pesar y entre las arenas negras rebanadoras de carne. Ese día, aquella sutil brisa dulce le rozaba finamente el rostro. Se detuvo en seco, pues había encontrado algo extraño en su camino. Miraba de frente una puerta gruesa de hierro forjado, con bisagras más grandes que él y una pequeñísima hendidura para el cerrojo. La puerta, estaba rodeada por murallas tan altas que solo la necedad las superaba. Se acercó cautelosamente y miró por aquella pequeña abertura que era el mecanismo de apertura. Dentro, veía esplendor y brillo. Una dulce voz jugueteaba por sus oídos y le embelesaba ese exquisito aroma que recorría su nariz y le incitaba a busca más. Llamó con voz queda a aquella linda razón de su admiración y le preguntó: -¿Eres tú?

Ella, se acercó al picaporte, y apuntó su pupila hacia él. -No lo sé, le contestó. Lanzó una pequeña risa y siguió con su ir y venir. Él, por su parte, al principio escéptico de que finalmente hubiera llegado a donde quería, la miró sin quitarle la vista de encima por un largo rato, cavilando. Y es que ciertamente, luego de muchos años, tener la finalidad de la vida de frente puede llegar a ser inverosímil.

Pensó, en cómo habría de pasar por aquella puerta. Era tan pesada y alta, que escalarla no sería buena idea, y horadarla, le tomaría muchísimo tiempo. Amarró uno de sus cabellos a su muñeca, el más largo que tenía. Notó que por el agujero que la puerta tenía, entraba su dedo meñique, así que poco a poco intentó adentrarse. Se raspaba, el metal le cortaba la piel, pero él, enneciado y convencido de que ella era su destino, se presionó tanto por esa entrada improvisada, que perdió la piel y cayó al otro lado sangrante e incompleto. Tomó el cabello que había amarrado a la muñeca y con este jaló el resto de la piel, la que también atravesó ese umbral y cayó al otro lado cortado en pequeñas tiritas. Bueno, se dijo, ¿qué más da un poco de piel? Así, ensangrentado, la comenzó a buscar. Notó que las murallas se habían esfumado, y que de la puerta, solo quedaba el picaporte por el cual entró. De ese lado del muro, la luz provenía de ella. Sentía los rayos golpeándolo y el calor que al poco le devolvió su piel desgarrada. Respiraba la satisfacción de haber llegado ahí, hasta la meta de su vida y tener todo un horizonte enorme frente a él.

Ella, mientras tanto, había notado su presencia, y temerosa, huyó a esconderse. Se movía frágil y bella buscando un lugar para alejarse. Pero él, la seguía a pasos lentos, mirándola. -¿Es que serás tú? le decía. Ella le seguía respondiendo, no lo sé. Finalmente se acercó a ella y vio en sus pupilas negras cómo la luz de la luna roja brillaba. Veía el mundo completo en esa ventana. Apreció que su destino había llegado a un punto en el que la incertidumbre habría de gobernar por las palabras que ella seguía pronunciando: no lo sé. Se embelesó por la magnificencia de un ser tan sensualmente provocativo. La tomó de la mano y se acercó hasta casi entrar en sus ojos para decirle: -Precioso ser, he venido de muy lejos buscándote; te he encontrado y… Una mirada intensa fue el mensaje que le decía que había una esperanza de que sus palabras cambiaran y ella dijera la frase que lo liberaría. Entonces, él comenzó a brillar, poco a poco y solo por las rasgaduras que tenían en la piel. Le sonrió y ella le devolvió la sonrisa. Y ahí se quedó viéndola, esperando el resto de su destino con el corazón iluminado sabiendo que finalmente, había llegado.

2.0

Estaba. Había estado breve tiempo en aquel lugar. Veía pasar el tiempo a través de la danza de las plantas, el movimiento de las nubes y el pasar del sol y las estrellas sobre su cabeza. Todo era nuevo, el extraño brillo de la luna y las curiosas flores púrpura que ahora significaban algo. Había adoptado la copa de un árbol como refugio ante la tempestad repentina y azul que caía sobre él en el momento menos esperado. Era muy extraño para él, puesto que sentía que había llegado, pero no que hubiera acabado su viaje. Alzó la vista sobre la copa del árbol que era su morada temporal y miró en derredor de nuevo a las montañas verdes y lejanas, los pastos pálidos y brillantes que se meneaban quedamente arrullados por la brisa cálida de la tarde dorada. Comenzó a buscarla, y movía su cabeza por todos lados. Debía esperar. A ella no le gustaba que él se acercara a aquel nogal, ni mucho menos que estuvieran juntos en las inmediaciones del mismo. Era curioso, pues según había logrado entender, ella detestaba las nueces, y sin embargo, el nogal, era el centro de su estabilidad. Había en aquel sitio, algo que la mantenía ahí. Él, por su parte, se limitaba a mirar con melancolía la escena en la que ella se alejaba para regresar a donde, según las palabras de esa preciosa visión, pertenecía. La veía caminar, y voltear de vez en vez hacia su árbol, el cual tenía frutos dulces pero espinosos. La miraba hermosa como todos los días que la había imaginado, balanceando sus brazos de un lado a otro con la sutileza más normal, pero que ante su mirar, se convertía en la máxima expresión de una danza tan sublime que con la mirada perdida en el vaivén de sus caderas, lanzaba suspiros al aire tan intensos que llegaban al oído de su amada como si él mismo los dijera a su lado. Y cuando ella desaparecía del horizonte, él se refugiaba en su árbol espinoso, oliendo el perfume que dejó en sus manos, solo pensando entre sollozos en ella y en el porqué había cruzado por el cerrojo. Colocaba ambas manos sobre su rostro y exhalaba profundamente por la nariz con el fin de capturar la esencia de ella en una sola inspiración. Olía a hermosura y felicidad, a temple y suavidad, tenía toques de brillantez y un muy sutil aroma a amor que le extasiaba como nada lo había hecho hasta ese entonces. Se preguntaba a sí mismo: “¿Es que así será? ¿Es que esto es el fin del viaje?”. De un brinco se levantó y asomó por encima de la copa de su árbol. Se lanzó desde ahí hacia al suelo con la firme intención de ir al nogal. Caminaba a pasos agigantados y su corazón comenzaba a bombear más y más fuerte. Al poco rato, ya estaba corriendo y de pronto se paró en seco con ella frente a él tapándole el camino. “No vayas para allá”, le dijo ella con tono dulce mientras le miraba con gesto triste.”Es que… te necesito” le respondió él. Ella mantenía ese gesto de angustia mientras él se acercaba quedamente hasta que estuvieron frente a frente a la altura de un beso. “No debes seguir… él no debe saber que te he visto” le decía la razón de su felicidad. “Pero, ¿cómo es que he de hacerte parte de mí?” él le preguntaba insistente. “No puedo…” y ella regresaba por donde había venido. Él había librado muchas batallas, había sangrado, había molido sus carnes en otros tiempos, y ahora, esas dos palabras, lo tumbaban de bruces y hacían que cayera sobre sus rodillas. Alzó la vista para mirarla alejarse un poco, pero no lo suficiente como para que la tomara de la mano, y en una mirada ella entendiera que no cedería, que preferiría que le arrancara la vida de un solo tajo antes de perderla, pues perderla sería verla siempre ajena. Se levantó determinado y le dijo con voz seria: ”He llegado, y si he de morir aquí, mátame tú misma”. Entonces, la besó.

3.0

Las nubes se desdibujaban en el cielo por el vendaval que las azotaba unas con otras. El ente, estaba afuera de su morada, recibiendo los golpeteos quedos de las gotas de agua en su rostro. Aun cuando la razón de su felicidad le había advertido que no fuera, que sería inútil, él guardaba la inocente esperanza de que tal vez, pudiera suceder lo esperado. Al principio, se reprochaba a sí mismo el extraño comportamiento al que se había orillado, buscando en la oscuridad de la noche a media luz de la luna la razón por la cual debiera seguir ahí. Se decía a sí mismo, ¿cómo es que he llegado aquí con el único propósito de esperar? ¿Cómo es que me he hecho la idea de que probablemente la vea siendo que ella misma me advirtió cuál sería mi destino aquí? ¿Qué es lo que me sucede? ¿Por qué no puedo esperar? Se preguntaba y solo daba vueltas por el lugar, machacando las hojas caídas de los árboles. Y de reojo creyó verla, color intenso se desbordó por su imaginación, y estaba seguro que aquel halo fantasmal que creyó ver, era ella, andando en sus aposentos con el todo intenso aroma de la fragancia dulce que le embriaga. Sigue sin saber si era ella o no. Él esperó, entonces, esperó a la nada, al destino, a que su cerebro retornara a la realidad; a que despertara de ese estado letárgico en el que él mismo se había sumergido. Poco a poco la angustia se comenzó a apoderar de la frustración. Las estrellas titilaban indicándole que la hora había transcurrido sin que nada sucediera más allá de que la lluvia cayera, las hojas se movieran quedamente por el viento húmedo, y la noche le susurrara al oído con el fresco frío del vaho pluvial. Ella no vestía de rosa como en otras ocasiones, vestía un azul profundo, tanto que él había comenzado a preocuparse. Esa angustia de ver a la estimulación máxima de la imaginación en el estado deprimido en el que estaba, le hacía buscar una manera de cautivarla. Quería que sonriera, que fuera ligera como ayer, pero sabía que no podía pedírselo. Él solo podía esperar. Y esperó… y esperó… y esperó. No la vio esa noche, pero sus pensamientos viajaron en el viento nocturno hasta ella: se que has dicho que no viniese, se que no has de verme hoy bajo la luna brillante por las gotas de la hojas; pero heme aquí, esperándote; he de esperar cuanto sea necesario, pues mis manos pueden remendar tu corazón con el cariño que fluye del mío; pienso, preciosa, que si la magia me da para haber vivido esto, sábete bien que aquí estoy, esperando, y esperaré a que quieras sanar ese pesar con los dulces besos de mi amor.

4.0

Miraba a la nada en la noche húmeda. Esperaba que ella le diese señal alguna de que existía. Le había dicho que él sabría, aunque ciertamente, él también había dicho que se contendría. Al parecer ni uno ni otro podían hacer lo que decía y simplemente hacían lo que sentían. Aquel ente, ensimismado y concentrado en las sombras distantes, miraba desde la copa de su árbol espinoso cualquier posibilidad de que la razón de su felicidad apareciera o diera muestras de estar cerca. Sabía que ella estaba en sus aposentos, en aquel nogal que al poco se había amargado y sus frutos eran solo comestibles con un sabor acre. Los días habían sido muy tempestuosos, y la poca calma que él percibía, tal vez solamente era una muy pequeña antes del desastre, o antes de la primavera eterna. Esa noche, en específico, las nubes se arremolinaban unas con otras y se empujaban como queriendo ver el espectáculo de aquel ser que ya rondaba en el despecho. Giraba la cabeza como queriendo entender qué pasaba, como si la negrura del horizonte le pudiera indicar dónde y cómo podría verla esa noche. Estaba melancólico y cavilante, pues desconocía qué pasaría más allá de ese momento. La lluvia había provocado que la visión de su mente se entorpeciera, lo que le dificultaba la capacidad de poder hablar con ella con esa suavidad del pensamiento que los unía. Esa noche, no podía oírla, y solamente podía esperar mientras suspiraba de vez en vez y susurraba el nombre de ella quedamente al viento frío.

5.0

Y cuando la oyó fue como si de pronto se despejasen todas las nubes plomizas. El aroma de la tierra mojada inundaba el ambiente, y ese sabor amargo que le habían dejado las palabras, lo mantenían en un estado en el que se preguntaba si es que en realidad todo eso era así. Ya había amanecido pero él no había podido parpadear más, su mirada yacía inmóvil y yerma frente al campo de verde pasto vivo. Solo él era el muerto. No había dormido si quiera. El árbol espinoso donde vivía, había recuperado su dureza y las astillas se le encajaban en los brazos, en las piernas, en el pecho. La lluvia se había ido, pero aún persistía el olor de ésta. No podía moverse más. Quería irse, pero sus piernas, encajadas por aquellas espinas filosas, no le dejaban moverse. Seguramente solo tendría que esperar de nuevo, pero ahora solo su final. Ya se le había escapado, lo más importante, la razón por la cual estaba parado, esperando, añorante. Simplemente le había dicho que su aroma, su suavidad, esa sensación hermosa por la que él vive y que tuvo para sí, no son más para él, son para el nogal que frente a él, se yergue… lejano. Y es de ahí de donde no puede quitar la mirada, y es ahí a donde no puede ir ni traspasar sus promesas de mantenerse a la distancia. Se pregunta cómo es que las palabras duelen más que esas dagas en su cuerpo. Solo piensa en el dulce momento que es estar con la que le llena el alma y ahí se mantendrá hasta que el tiempo le diga qué hacer. Sabe que supura sangre, las gotas se escurren por todo su cuerpo y el dolor le dice que está herido, feneciendo, pero eso lo puede ignorar. Mientras tanto, su corazón se deprime más y más al tiempo que ve el horizonte tan precioso y ajeno. Y yo se que ahí seguirá el ente, esperando en el jardín amurallado hasta que sucumba, si es que algún día eso sucede, pues finalmente había llegado desde tan lejos al lugar donde está lo que siempre había añorado.

Jul 3, 2011

Domingo de rata

Ayer por la noche, estábamos tranquilamente mirando el televisor cuando el Poyuki, alias Yoko, ladró ante un ruido repentino y molesto. Pensamos que algo se había caído, pero… jamás hubiéramos imaginado que sería una noche de paranoia hasta que la jaula en cuestión atrapó a una nunca bienvenida rata que se había escabullido por alguna entrada pequeña… gracias al Puy que con sus poderes de perro se dio cuenta cuando el asqueroso animal entró. // Yesterday night, we were watching tv so relaxed when Poyuki, aka Yoko, barked when a sudden and disturbing noise happened. We thought something felt, but… we would never imagined the night would be full of paranoia until the tramp below caught a never welcomed rat whose had managed to get in through a quite narrow entrance… thanks to Puy who with his doggy powers noticed the exact moment when that naughty animal entered.

Jaula

Jun 30, 2011

El agua y su mojabilidad

Recuerdo a un amigo cuando llueve porque solíamos bromear acerca de la lluvia, diciendo que esta moja y está húmeda. Reflexionando en esta mañana lluviosa, recordé un pequeño, ensayo, coso, texto, sobre el tema que hice hace tiempo.
Para poder saber si el agua se puede mojar y está húmeda, hay que definir qué es cada cosa. La acción de mojar se define como el momento en que algún tipo de fluido, se introduce en la estructura de algún cuerpo o bien lo recubre de manera superficial, sin alterar sus propiedades químicas. Un fluido puede ser un líquido o un gas.
Cuando un cuerpo se moja, experimenta un “contacto” físico. Un cuerpo está mojado cuando dentro o sobre de su estructura está algún fluido. Cuando un fluido entra en contacto con otro, la penetración dentro de alguna estructura no existe como tal, puesto que un fluido, no tiene una estructura definida, sino que toman la forma del recipiente que los contiene, y en el caso de los gases, tienden a expandirse. Estos razonamientos nos llevan a la conclusión de que cuando un par de fluidos se mezclan, no se mojan mutuamente, pues su estructura no se altera en el sentido de que le da diferentes propiedades físicas, sino que se presenta una mezcla simple.
Un fluido no se puede mojar porque únicamente se mezcla con otro, y por más que se mezclen, éstos tienen la capacidad de fragmentarse o separarse, por lo que la “estructura” como tal, queda intacta, entendiendo a estructura como un arreglo no dinámico. Mientras que en los sólidos, cuando un fluido entra en contacto con éstos, penetran poco a poco dentro de su estructura bien definida o se posan sobre las superficies también bien definidas del cuerpo, dándole así el nombre a la acción de “mojar”. Aún cuando los líquidos sean no miscibles, y uno quede encima del otro, como al agua y el aceite, podemos agitarlos y hacer las pequeñas esferas de aceite. En este caso el concepto de “mojabilidad” no tiene sentido pues como ya se dijo, los fluidos deben penetrar o posarse sobre estructuras definidas.
La humedad es otro asunto. La definición de humedad, sería la cantidad de agua presente en un determinado espacio o volumen. Si en realidad el agua está húmeda, entonces me atrevo a asegurar que existe el agua seca… duuuh… Pero, el agua no es húmeda, ¿por qué?, porque la humedad es la medida del contenido de agua en la atmósfera y que por lo tanto en el agua, ¿qué hay? Solo más agua ¿o no? Así que concluyo que el agua no puede estar húmeda porque la humedad, como ya se dijo antes, solo es una características de la atmósfera o de los cuerpos. Un pedazo de papel puede estar húmedo, o bien que puede tener cierta concentración de agua en su interior o en su superficie, a decir, estar mojado. En cambio, no podemos afirmar que el agua humedezca al agua, o la moje.
En conclusión no se puede decir que el agua está húmeda, siendo que ésta forma la característica de la humedad, y no tiene la capacidad de ser mojada, pues los fluidos no pueden mojarse. Ergo, yo sí estoy mojado… ¬¬

Furumaru = Ruben Balderas

Yo // Me

Aquí pueden encontrar mi trabajo, ideas, imágenes, video, cuentos, y demás cosas en las que trabajé, ya sea dentro de una empresa o como proyectos personales. ¡Espero los disfruten! :D // In here you can find my work, ideas, images, video, stories and so many things I have worked in, inside a company or as personal projects. I hope you enjoy them!

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